El otro día leí en
Amazings que
Sergio L. Palacios, autor del magnífico blog
Física en la Ciencia Ficción, tenía en marcha una mastodóntica serie de
50 capítulos con posibles soluciones a la Paradoja de Fermi, así que me fui zumbando a verlo (a día de hoy lleva 6). No sé cómo se me pudo olvidar, pero no tenía FCF cargado en mi Google Reader, ¡qué vergüenza!
El caso es que, desde que supe de su existencia, me fascina la
Paradoja de Fermi. Por ponernos en situación, se trata de una paradoja (obviamente) formulada por
Enrico Fermi, el físico italiano. Fermi no solo es famoso por sus trabajos en física nuclear; también tiene su rincón más o menos curioso, en los llamados
Problemas de Fermi. Estos problemas se basan no necesariamente en una complicación de los datos o la resolución del problema, sino en la estimación de las cantidades que sean necesarias para resolverlos. Recuerdo haber leído que Fermi estimó la potencia de una explosión atómica en
Los Álamos, a partir del desplazamiento de unas hojas de papel movidas por el viento generado por la explosión, a varios kilómetros de distancia. Puede que no sea cierto o que me falle la memoria, pero ése es el tipo de problemes "de Fermi".
Pues bien, se cuenta que, precisamente trabajando en el
Proyecto Manhattan, durante un almuerzo Fermi exclamó repentinamente: "¿dónde están?". Se refería a los extraterrestres. Pero no a los hombrecillos verdes que bajaran en platillos, sino a las civilizaciones extraterrestres, las buenas, las que debían -o podían- existir. Como la Humanidad.
Como siempre se dice, es muy probable que la anécdota sea apócrifa y Fermi planteara la paradoja de otra manera, pero la cuestión es que, pensando en la posible existencia de civilizaciones en la Vía Láctea, llegó a la conclusión de que la galaxia es tan grande y tan vieja que debería haber muchas otras civilizaciones tecnológicamente avanzadas en ella. Y no solo eso, sino que ya deberíamos haber sabido algo de ellas.
La idea, planteada desde el punto de vista científico, me resulta fascinante. Un punto de partida clásico es la
Ecuación de Drake, hecha célebre por
Carl Sagan en
Cosmos, que estima precisamente el número de civilizaciones en la galaxia. El problema,
mejor explicado aquí, es que no conocemos con certeza los valores de ningunos de los términos de la Ecuación de Drake, con lo cual el número de civilizaciones que se obtiene puede ir desde 1 (que es el mínimo absoluto: al menos estamos nosotros) hasta decenas de miles.
Sea como sea, a título personal y desde mi óptica de aficionado absoluto (mi formación académica no me alcanza) he pasado horas pensando en la Paradoja de Fermi, imaginando por qué, si esas civilizaciones están ahí, no sabemos nada de ellas. Y soluciones hay muchísimas y no creo que yo haya llegado a inventar ninguna: desde que esas civilizaciones en realidad no existen porque somos los únicos, o los primeros, o los que ahora estamos más avanzados, hasta que vivimos en un mundo-zoo aislado protegido por una especie de
Primera Directiva trekkie, pasando por que en realidad somos extraterrestres (que la Humanidad se generó fuera de este planeta). Y una de las más divertidas, que plantea
Fernando J. Ballesteros en su libro
Gramáticas Extraterrestres: que vivamos en Matrix...
Y por supuesto, tenía previsto hacer una entrada sobre la Paradoja de Fermi en algún momento. De hecho, tengo aparcado por ahí el borrador correspondiente, por mi habitual tendencia a la
procrastinación (gracias
Microsiervos) y porque si buscas información sobre este tema en la web... la encuentras y en cantidad.
Así que ahora, alguien que sabe mucho más sobre el tema que yo, y que se explica mucho mejor que yo, dedica toda una serie de cincuenta entradas en
su blog a este tema tan particular de la Paradoja de Fermi. Por lo que yo mejor me pongo cómodo en mi sillón y me dedico a leer la serie según se vaya publicando. Y se la recomiendo a mis -pocos- lectores. No descarto que escriba algo más al respecto, pero probablemente si se me ocurre algo que decir, lo haga en los comentarios de la entrada correspondiente de
FCF.
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